
Dos
una mañana,
un susurro,
ni un sonido.
Entonces... tu pupila dilatada se enfoca en aquella cáscara de nuez llena de miel.
(Mientras ríe tu ardilla interior.)
Y con dulzor ríes. Sin sonreir.
Y el sonido y el silencio se mimetizan... Somos uno. En dos.
Y cuando el tres nos llene, seremos dos.
Pero siempre en uno.
Por Gabriela Mariel Azcona, (te amo putita)
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