martes


Así, su alma estalla, se compagina con la imagen de la princesita ciega, encerrada en un circo espiral repleto de tambores. se deshoja y cae en sus propias sombras. Siente vértigo, atraviesa los colores de la tragedia ingenua. Cae, le duelen los ojos, las manos aferradas a la ilusión del jardín en ruinas sin narcisos. Podrá recordarte mil silencios, lunas, respiraciones incesantes. Sin embargo su voz sigue siendo altanera y obstinada, atestigua su edad, quizá. Señuelos la guían al amar del consuelo.

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